Que si alguna vez nos hemos sentido invisibles? Mentiroso el que lo niegue, si es que nosotros mismos a veces desharíamos poder serlo para librarnos de las situaciones en las que nos metemos y que luego desearíamos no tener que afrontar.
Son estas situaciones las que hoy continúan multiplicándose y haciéndonos seres inertes dentro de una sociedad que busca hacernos menos independientes, y no empleo la palabra individuales porque es esa supuesta individualidad la que nos hace sentirnos solos todo el tiempo y que a su vez también a terminado por contribuir para hacernos invisibles en espacios públicos a pesar de habitarlos diaria y físicamente.
Hacer visible lo invisible es examinarnos a nosotros mismos, es tomar las problemáticas que nos abordan diariamente y mostrarlas al mundo que, aunque las conoce perfectamente y al igual que nosotros las padece, considera imponer un muro “invisible” para hacer de estos hechos algo imperceptible. ¿Cómo si con cubrir los problemas estos desaparecieran?, ojala así fuera y entonces cubriríamos la violencia, el maltrato, el hambre y todas las demás miserias del mundo.
Prefiero mediante una expresión artística hacer visible lo que me molesta, lo que se ha metido en medio de mi entorno como una enfermedad molesta y mostrárselo a otros en busca de una solución viable al problema que nos acarrea o al menos de una tranquilidad interior al no ser parte del problema tomando conciencia del modo fatal bajo el cual nos afecta.
Considero y es un punto de vista muy personal cuando digo que dentro de las aulas se hace posible hablar de montones de humanos inanimados que las habitan, pero que no parecen ser tocados por el fenómeno de la educación, por el contrario considero son parte de una corriente emancipadora donde todos están programados para responder afirmativamente a los deseos de sus superiores, cuando la educación para el siglo XXI plantea el aprendizaje interactivo con seres activos y participativos que hoy no son visibles dentro de los contextos universitarios.
Mi crítica no pretende descalificar, por el contrario me resulta realmente oportuna cuando en algunas circunstancias yo misma formo parte de los seres inanimados que vamos a calentar la silla, y que por un periodo de tiempo se encuentran mentalmente ausentes durante el proceso educativo. Y que tan preocupante es esto cuando somos nosotros los que estamos entrando a formar parte dentro de la cadena como docentes de niños, que gracias a Dios no padecen todavía la enfermedad de adormecimiento dentro de las aulas y que por el contrario deberían educarnos a nosotros acerca de tomar el control de los que deseamos, de las ideas que tenemos en la cabeza y buscar infinidad de formas de hacerlas visibles.
Mi propuesta por tanto involucra al mismo espectador que bajo la condición de aceptar concientemente y bajo ninguna presión sentirse invisible en el ambiente universitario referente a las clases a las cuales asiste, decide participar en la propuesta tomando lugar dentro de un escenario para ser registrado como una persona que se siente invisible y que decide hacerlo visible.
